10 PREGUNTAS A ANGIE PAGNOTTA

 

¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura narrativa?

Fueron caóticos y lo siguen siendo, aunque ahora todo ocurre de forma más ordenada y pensada. Comencé con una novela que fusionaba la vida de Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Octavio Paz y otros escritores que admiro. La idea era entremezclar la ficción con tintes de la realidad o hechos que son de conocimiento público. Con esa novela llegué casi hasta el final pero la tuve que soltar porque la densidad de la temática y la propia de los personajes, me dejaban aplastada y —por momentos— derrumbada. No me parecía sano todo el efecto que estaba teniendo, entonces seguí con otra novela donde nuevamente ocurrió lo mismo, pero esa vez fue porque la temática me afectaba a un nivel muy personal y, para peor, el momento en el que estaba mi vida no ayudaban demasiado. En el medio de las dos novelas fui escribiendo relatos cortos, breves, fragmentos y cuentos, pero ninguno me llegaba a encantar. Los cuentos siempre me parecieron cortos para el universo que quería desarrollar, hasta que llegué a la novela que estoy reescribiendo ahora: “Nada que no quieras”. Con esta novela me pasó que —aunque también fue caótica, me absorbió un poco en lo personal o se me desdibujó por momentos— la historia y la fuerza de lo que quería contar son más fuertes que yo. Una primera versión la terminé en 2015. Una segunda vino en 2016 y una tercera es ahora, (la definitiva, si todo sigue así de bien) donde todo el camino que hice está tomando forma en las palabras y el método para poder escribir. En este mismo sentido, llegó mi primer libro de cuentos “Memoria de lo posible”.

¿Te inspiró alguna persona o alguna situación en particular?

Depende de lo que escriba. Por ejemplo, el puntapié inicial de “Nada que no quieras” fue una conversación que tuve con Cristian, un amigo. Él me contó una serie de anécdotas y algo de todo eso me llevó a escribir. En la de Pizarnik/Ocampo, es clara la influencia y además hice una investigación (que no se detiene) y una parte de todo lo investigado está reflejado en lo escrito. Pero los disparadores muchas veces tienen que ver con completos desconocidos, personas que veo en la calle, personas que me cruzo por algún motivo, tonos de voz, olores, formas de caminar, modos de hablar…es decir, tomo muchas cosas de la gente y las reconstruyo para poder escribir. Pero en mi escritura creo que siempre está el factor de la imaginación, del “qué hubiera sido si” o del poder proyectar un poco más allá del momento actual. Me interesa ir más lejos, buscar más. Soy una trabajadora incansable e inquieta: necesito de todo eso para escribir y poder ir a fondo con la sensación que tenga que evocar al hacerlo.

¿Existe un horario propicio para ponerte a escribir o cualquier momento es ideal?

Esa es una pregunta que me hago frecuentemente y también se me vuelve ideal e inverosímil a la vez. Sin dudas creo que debería tener un momento especial para escribir, que para ordenar un poco el caos que decía más arriba, debería ordenar los tiempos pero la verdad es que no ocurre. Entonces escribo cuando puedo y lo que últimamente me sirve es hacerlo o por la mañana temprano, antes de empezar el día o después de cenar. Esos dos momentos me resultan especiales aunque, quizás el mejor truco es que religiosamente me acompaña una libreta violeta que lleva anotadas ideas, frases, disparadores, fragmentos y hasta cuentos que se me ocurren en distintos momentos del día.

¿Cómo está ambientado tu lugar de trabajo y en donde lo haces usualmente?

Me mudé hace un año a una nueva casa y en la parte de arriba tenemos un cuartito chiquito que armé como mi lugar. Allí tengo una biblioteca donde voy rotando libros, un escritorio blanco que es un tablón con dos caballetes, lapiceras de todos los colores, un corcho con recortes, impresiones, fragmentos y anotaciones que hago mientras escribo y lo más importante: la máquina de escribir Lettera 22 que heredé de mi padre; allí estoy escribiendo los perfiles de mis personajes y algunos capítulos o cuentos. Hace un par de días me regalaron un montón de plantas, así que muchas las estoy poniendo cerca y para los recreos (necesarios recreos) tengo una terraza que está a unos escalones de allí, con lo cual estoy en el mejor búnker. Si no es en casa, escribo en la redacción de Kundra, en Barracas. Allí aprovecho los huecos del día, de mi trabajo en la revista y de los demás trabajos que hago como periodista y Community Manager y, en alguno de esos recreos, escribo o repaso algo de lo que vengo trabajando en ese momento.

¿Cómo surgió la idea de “Memoria de lo posible”?

Surgió inesperadamente. Estaba en la segunda versión de la novela y en ese repaso obligado que hago de cómo viene el libro, me puse a leer todo y encontré que muchos fragmentos de la novela estaban en otra frecuencia. Revisé los fragmentos que tenía apartados y al leerlos noté que eran cuentos, que perfectamente funcionaban como cuentos o relatos breves. Separé algunos de esas ideas y las transformé porque el peso propio de lo escrito me estaba diciendo algo que no había visto, así surgieron algunos cuentos como “Añoranza” o “Mareo”. Justo venía leyendo mucho a Clarice Lispector y había notado que la estructura de los cuentos o de las narraciones breves podía ser mucho más sencilla si así lo requería el texto. Entonces me puse a revisar mis archivos y encontré ideas que había dejado a la mitad, cuentos que había terminado, cuentos que había enviado a concursos o que había escrito para algún blog o medio. Entonces algunos disparadores de temáticas se me metieron en la cabeza y fui ordenando todo eso en forma de libro. Así surgió “Memoria de lo posible”, como una búsqueda de la palabra en la memoria, en lo que pudo y no pudo ser y, sobre todo, de mi propia voz.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Estoy leyendo Leyendas medievales de Hermann Hesse, Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enriquez y ayer empecé El príncipe idiota de Dostoyevski.

¿Cuáles son tus autores preferidos?

Fogwill, David Foster Wallace, Pablo Ramos, Clarice Lispector, Alejandra Pizarnik, Paul Auster y J. M Coetzee, sin ellos no podría vivir.

¿Qué autores recomendarías leer?

De los actuales tengo algunos favoritos como Martín Sancia Kawamichi, que me parece extraordinario: su forma de escribir, su estilo, su cabeza absolutamente profunda y un escritor que, sin dudas, se volverá fundamental. Otro es Pablo Ramos, que además de ser mi maestro es un escritor que admiro profundamente por su escritura sencilla y exquisita, por su forma única de conectar dos polos opuestos en una misma oración; también recomiendo a Mariana Travacio, una escritora impecable, seductora e interesante que tiene una fuerza enorme, admirable. En este sentido, también pienso en escritores que admiro por motivos distintos pero todos con una fuerza increíble como: Abelardo Castillo, Julian Barnes, Macarena Moraña, Marguerite Duras, Samanta Schweblin, Roberto Bolaño, Horacio Convertini, Enrique Decarli, Tatiana Goransky….¡hay tantos!

Si tuvieras que elegir un personaje de ficción (libro, película) o algún escritor para sentarte a charlar un rato, a quien elegirías?

Si fuera de una película elegiría a Tony Montana de Scarface, aunque probablemente me iría de fiesta con él, no sé qué  tanto podríamos charlar aunque sería estupendo. En cuanto a algún escritor siempre quise charlar con Fogwill, me tomaría 500 cafés con él, aunque seguro también me iría de fiesta, con cualquiera de los dos terminaría igual pero sería sumamente bueno.

¿Existe algún libro famoso que te hubiera gustado escribir?

De los libros famosos me hubiera gustado escribir Harry Potter y la piedra filosofal, por razones más bien económicas, por razones de gusto, me hubiera gustado escribir Los detectives salvajes de Roberto Bolaño y, por último y aunque no tan famosos, me hubiera gustado escribir “Shunga” de Martín Sancia Kawamichi o “La ley de la ferocidad” de Pablo Ramos.

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