DIARIOS DE ABELARDO CASTILLO 1954 – 1991

Domingo 10 de agosto

Un diario de escritor, cuando es sincero, es el mejor antídoto para quienes aún creen en la inspiración como fuente de todas las obras. O para quienes tienen la falsa idea de que los escritores no hacen otra cosa que escribir. La lucha contra las dispersiones («El cielo está tan azul, los papeles tan melancólicos que me cuesta quedarme en mi cuarto para trabajar», dice Mircea Eliade en un fragmento de su diario editado por Espasa-Calpe, 1979). La dispersión es una constante en la mayoría de los casos. Anota A. C. en 1983: «Debo encontrar el modo real de aislarme en mi propia casa: aislarme de los ruidos, del teléfono. Necesito una habitación de corcho: no es broma». Y yo pienso: y eso que no trabajaba en una lap top con internet. También pienso ¿qué nuevas dispersiones tendremos en un futuro no muy lejano?

Sábado 9 de agosto

Un escritor necesariamente junta papeles con notas, bocetos, cuentos, poemas o capítulos inacabados. Hoy no es tan distinto, aunque el hecho de que casi siempre sean archivos en vez de papeles, a veces ayuda (ocupa otro tipo de espacio). En el diario aparece la necesidad de ordenar, de pulir. El reencuentro con papeles que se habían olvidado. El deseo y la dificultad de conseguir un orden y un método.

Hay períodos en que hay más de una entrada por día, otros en que pasan meses y no escribe nada. Temas que desmenuza hasta el menor detalle y otros (como su casamiento) que menciona casi al pasar.

Viernes 8 de agosto

Voy por los diarios de 1971. Reflexiones sobre Dios, sobre política (aunque no quiere, dice más de una vez, que la política entre en sus cuadernos), sobre el conocimiento, sobre el oficio de escribir. Anotaciones de ideas para cuentos, o para corregir cuentos. Subrayo: «La única regla de Oro: escribir. Mucho. Siempre. Eso purifica, perfecciona».

El diario como un laboratorio para lo que, luego, se transformará en literatura. El diario como un entrenamiento de la pluma.

Y también: subidas y bajadas de ánimo. Mujeres, alcohol.

 

Jueves 7 de agosto

Ya estamos en 1961. Una carta larguísima a David Viñas. Nunca leí a Viñas, no creo que lo haga después de semejante carta.

Y en 1962, en febrero: «Gran limpieza de papeles. Tiré a la basura cantidad de cosas totalmente inútiles; esto siempre me ha hecho sentir feliz, limpio». Sigo el impulso de A. C. y me voy a ordenar mi propia pila de papeles y libros.

 

Miércoles 6 de agosto

Y en una entrada (casi digo post) del 22 de noviembre de 1957, dice «No hay palabra de este diario que sea verdadera (…) Miento hasta cuando digo la verdad (…) Ocultarme, ocultarme bien de mí mismo».

El diario como un refugio, como el lugar donde entra a escribir, a hablar consigo mismo, a hablar del mundo. Si este diario hubiera empezado en la actualidad, ¿habría sido un blog o un perfil de facebook?

«No hay memoria sincera. Ningún diario íntimo es sincero. Hasta se puede decir que hay una técnica del diario íntimo».

Y yo pienso si podré deducir esa técnica al leer las seiscientas páginas de estos diarios.

 

Martes 5 de agosto

«Los diarios íntimos son una farsa», dice Abelardo Castillo en su cuaderno de 1957. «En la novela, supongo, uno se libera del peso de un pensamiento ruin o bajo o criminal, achacándoselo a su personaje; en el diario, uno mismo es el personaje».

Debate, en su diario, sobre la sinceridad de lo que escribe. Si es sólo para él, ¿por qué tanto cuidado con la sintaxis y en elegir las palabras, en hacer buena letra? Y si es para otro lector, ¿con qué cara llamarlo «diario íntimo»?

 

Lunes 4 de agosto

Empiezo a leer los diarios de Abelardo Castillo, que van de 1954 a 1991 (Alfaguara, 2014). Dice «En un diario íntimo ¿se puede escribir todo? Hay cosas que aterran. Impulsos homicidas…» En los inicios del diario (1954, tenía casi diecinueve años) mezcla reflexiones sobre escritura y lectura (y asombra que a esa edad ya tuviera semejante bagaje de lecturas), momentos en el servicio militar, viajes en tren, algo de Buenos Aires, comentarios sobre el amor. Ideas para escribir. Confesiones de esas que tal vez no hubiera hecho de haber sabido que en un futuro publicaría los diarios (un libro robado en una librería y algún que otro acto egoísta). Y luego: «Me es difícil separar lo real de lo imaginado. He mentido tanto.» Con esa advertencia el lector ya sabe que si bien es un diario íntimo, hay que aceptar una cuota de ficción. En otro lugar dice «El hombre se crea a sí mismo. Poe, por ejemplo, es un personaje de Poe». Los diarios son una buena forma de crear el personaje escritor.

Anahí Flores

  • Diarios 1954 – 1991
  • Abelardo Castillo
  • Alfaguara
  • Año 2014
  • 664 páginas
  • ISBN 9789870434900