NOVELA INÉDITA FRAGMENTOS – Ariana Harwicz

Novea Inédita Fragmentos

                                                                     Ariana Harwicz                                                                         

 

Mamá manejaba el Fiat 500 Topolino cuando empezamos a ir, muy tarde, a la escuela. Yo ya no me llamaba con mi nombre sino con uno más corto y neutro. Nos llevaba a los cuatro en el asiento de atrás y el más chico no bajaba y se quedaba con ella. Yo casi siempre tenía los zapatos al revés, mientras subía la escalera me iba cambiando el izquierdo por el derecho pero a veces mi otro zapato lo tenía puesto mi hermano y tenía que hacerle señas por la ventana del aula o tirarle piedras para que viniera a cambiarlo. A la salida, después del pan con leche azucarada, no estaba así que esperábamos en la esquina dentro de una quesería, el hombre al principio nos quería y yo creo que llegó a odiarnos, nos decía que esperásemos en la vereda, aunque nevara, que le espantábamos los clientes, o le tocábamos la mercadería. Cuando llegaba nos subíamos al auto sin hablar y el viaje de regreso solo mirábamos hacia afuera encogidos. El más chiquito de los cuatro hinchado, con flema. Había pasado el día entero dentro del auto mientras mamá espiaba qué hacía papá metido horas en una galería larga y oscura con negocios de sastres y modistas. Desde afuera se veía el reflejo de los vitrales rojos y azules. Ella estacionaba el auto justo a la entrada y sin bajar la ventanilla miraba fijo hacia el interior, mi hermano embotado jugaba con el cordón de su zapato, lloraba de a ratos, comía alguna cosa y se dormía, después balbuceaba, se dormía otra vez, y así pasaban el día. Mamá no lograba demostrar ninguna infidelidad y salía corriendo para la escuela.

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Ey, viejo, mirá que adentro te van a coger un poquito, sabés, preparalo. ¿Nos escuchás? Va con megáfono. Afuera somos civilizados y respetamos tu cartel de propiedad privada pero adentro te van a destrozar. A los de tu raza hay que castrarlos, es la única solución. Seguro intentás quedar libre por falta de pruebas. Te escondés y te hacés pasar por mórbido para que te bajen años, te dejas la barba blanca, nadie te cree, escuchás, acá nadie te cree. Hombres así no se curan ni siquiera si les cortan la punta, siguen hasta con las garzas, van y le dan a los bambis recién nacidos, a las avestruces, a los dementes que andan sueltos del otro lado del rio y los médanos, lo que hay que hacer es ponerlos contra un tabique y echarles picante. Malditos intelectuales insaciables deberían vivir entre ustedes. Pobres madres vivir sabiendo lo que les hicieron a sus hijos, ¿imaginas a veces el sufrimiento de esos bebés? No perseguimos la pena de muerte, queremos algo peor, algo realmente escalofriante.

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Piedras caen sobre piedras. Estoy durmiendo por fin, dormir es el alivio mayor, todo parece borroso y real, sueño con hierba crecida entre las costillas de los judíos, a veces de tan alta tapa sus huesos, las aldeas sobrenaturales durante los bombardeos y los pabellones cayendo uno a uno en oleajes, las madres tiradas buscando a sus bebés mientras pierden los sentidos. Salgan de acá. Señor, señor, los nudillos contra el vidrio, señor somos de la Cámara del Crimen venimos a informarle su situación. No pueden meterse por la ventana ni forzar los picaportes, qué hora es. Estoy enfermo, duermo en mi propiedad, yo pagué este pedazo de granja, es mío, me interno, mejoro, regreso, estoy atacado en el sistema inmunológico, qué hora es. Tenemos que informale su situación. Ustedes a los pacientes oncológicos no los tratan así, más bien les decoran la pieza y les ponen música, el cáncer, la enfermedad elegida. Señor si no colabora vamos a dar la orden de romper los vidrios. ¿La hora? porque hasta para esto hay horas que respetar. No me arrepiento de nada porque no hice nada. Son casi las cinco de la madrugada y tenemos que leerle sus derechos, no queremos forzar la puerta. Léanlos desde afuera. Por favor señor, colabore. No me hagan llamar a la policía, es muy temprano. Somos nosotros la policía. Estoy teniendo pesadillas recurrentes sentado en la cama con olor a sudor como los vacunos cuando intuyen todo, no quiero montar un panegírico. Uno de nuestros oficiales está sobre la azotea y logra verlo, vístase y salga, no queremos violencia. No pueden irrumpir en una finca privada en medio de la noche. A ver si entiende y se viste que se acumula gente. Estoy en mi claustro. Todo el municipio está despierto un domingo con las criaturas, ¿oye los llantos? ¿Ve la cólera de la gente? hace cero grados. Vamos a tener que entrar a la fuerza. La Ley es idiota en todos lados por eso yo siempre fui discriminador y aristocrático. Freud también era así, el que marca el siglo XX no es ni Marx ni Nietzsche, saben eso ¿no? Piensan en eso a menudo. Hay que reprimirse, si ustedes ahora mismo reprimieran su bestialidad esa gente necesitada estaría hirviendo la leche cruda con miel. Vamos a tener que romper las ventanas señor, dejo constancia de que no queríamos. Ustedes también podrían haber tenido otra vida, no solo yo en calzón lamentable y con este aliento, ustedes podrían haber sido Eric Hobsbawm, Louis Pasteur y salvarle la vida a millones de millones, a los científicos que veremos más adelante en vez de estar en posición de ataque detrás de esta puerta de chapa. Salga ahora o la derribamos, tenemos que leerle sus derechos, por última vez, salga. Son ustedes los criminales, se los digo, porque si no, no habría guerras, no dirán que soy el que inició las ofensivas en este continente. Todos están libres y yo con orden de captura, hay que ser un idiota para hacer eso de lo que me acusan, hay que ser idiota y yo soy muy inteligente, no pueden sacarme con carabineros semidormidos así como así, qué van a hacer, ¿a cada llamado los van a meter presos a todos? Si es tan inteligente colabore, solo le pedimos que salga. ¡Abajo, abajo! ¡Entren mierdas! Destrozos masivos, patadas, loas y alaridos, armas reglamentarias, las dos manos detrás de la nuca. La culpa es colectiva. O la asumimos todos al unísono o la negamos en bloque. Yo soy el principal responsable si tienen deseos de acusarme pero ustedes y esos que me incriminan no asumen su responsabilidad porque si aceptan eso, si aceptan que sus hijos ahora con pañales sobre sus regazos y los otros en la escuela ya son criminales, no podrían dormir, no hoy, nunca. Yo se lo confirmo a todos esos ahí afuera, se lo confirmo a sus agentes de seguridad, se lo confirmo a esta aldea y a la otra y a la siguiente, sus hijos son criminales.

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Ellos son los que tienen que probar que yo me equivoqué y no yo que tengo razón. Ya estuve recluido, nos habían robado todo, cuando volvimos en carreta a mi casa desde lejos mis hermanos señalaban el humo, ni siquiera estaba la cuna en la que habíamos empezado todos a vivir, ni una sola gallina con tronco. Revolver escombros me parecía lo más natural, el que encontraba algo ganaba el aprecio del resto y dormía entre las tropicales y velludas piernas de mamá, tan altiva en su belleza nerviosa, el que encontraba algo tomaba los últimos restos de su nata aguada. Después tuvimos que ir a echarnos sobre el forraje. El mundo es materialista y explica mal las cosas, yo me sacrifico por los otros como cuando me tiré arriba de ese coyote y evité varias amputaciones, pero todo el mundo opina ahora por lo bajo, uy, se volvió alcohólico, se volvió un viejo raro, no importa, un poco de arena borra todo, Francia con Luis XIV era el centro del universo, Luis se enfermaba y temblaba el mundo, eran veinticinco millones de franceses, ahora no pasa nada si queman toda Francia en una noche de terrorismo exaltado. Me tratan de genocida platónico, de genocida verbal, de despreciar a los prójimos. No me empujen, las manos detrás del cogote, no me palpen los testículos, no llevo nada, están secos y circuncidados, no me huelan, no van a encontrar estupefacientes ni impudicia. No van a poder plantar una bolsa con cuchillos. No van a encontrar ni un ápice de sexo. No me corran, dejen todos esos papeles, por qué desarman mi colchón, qué cosa investigan adentro de la gomaespuma, si fuera mujer encontrarían excusas. Y largo una piña al aire pero tan débil, tan tosca que no llega a romperle la mandíbula al chico que hace de gendarme. Me duelen los nudillos, tengo los anteojos rasgados, gateo, no hurguen en mis documentos, en los libros que no vieron la luz.

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Una vez apareció papá con bigote, hacía semanas o meses que no lo veía y asomó en la puerta de la pieza en Belleville donde estábamos desde que llegamos a la ciudad. Al principio creo que ninguno lo reconoció, los menores se escondieron detrás de un cortinado y yo me quedé mirándolo deslumbrado de ver la cara de mi padre tan distinta. Papá nos saludó y fue directo a buscarla. Ahí empezaron los chillidos, todos los otros se esfumaron como carpinchos erizados pero yo me quedé. Mamá no quería que él la tocara, recuerdo eso, que lo esquivaba, recuerdo solo eso, que se zafaba de sus brazos, el cuerpo del padre morrudo abalanzado. ¿Qué alternativa tengo? decía mamá, ¿qué alternativa me das? y cruzaba los brazos. No solo ellos se estaban apuntando a la cabeza, nos apuntaban a nosotros, los menores debajo de la única cama, los menores en fila, las caras de los ahora muertos por orden de nacimiento.

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