10 PREGUNTAS A LUIS MEY

¿Cómo fueron tus comienzos en la escritura narrativa? ¿Te inspiró alguna persona o alguna situación en particular?

Mis comienzos, sin dudas, fueron de puro estar perdido, nomás. Quería algo y no tenía una puta idea de nada. Andaba por ahí y, cuando hablaba, era para discutir, en general, con mi familia. El resto era vagar. Estaba bastante furioso con todo, sin discriminar: odiaba todo por igual. No era muy feliz, lo sé. Pero estaba prendido fuego en algún lado, eso lo sabía. Algo quería explotar, y casi siempre explotaba en el lugar equivocado. De tanta prueba y error, hubo un blanco que valió la pena y acá estamos. Respecto de la inspiración, no tenía idea de qué era. Nunca lo supe, de hecho. Creo que alguna vez tuve una sensación que se parecía a la excitación con alguna idea, pero aun sin ponerle palabras, sabía que la cosa pasaba por la perspectiva, que la ficción es natural: es una mirada y poco más. El problema, al revés, es cuando creemos que lo que vemos es lo que efectivamente es.

¿Existe un horario propicio para ponerte a escribir o cualquier momento del día es ideal?

Se me escapa decir de noche, pero pasan los años y varía cada vez más. No es que pasa al día. Eso tampoco. Simplemente varía más. Hace un rato escribí algunas cosas porque el día estaba soleado, tenía algo de tiempo y puse Joao Gilberto, y una cosa llevó a la otra y embaracé al Word.

Lo mejor y lo peor de escribir.

Lo mejor, que es algo que sale de uno que nadie más podría hacer. No importa si es bueno o malo. Es de uno. Es auténticamente de uno. Antes no existía. Y, seguramente, arregla algunas cosas del fondo de la cabeza, del alma o de donde sea. Sin desearlo, sin esperarlo, arregla. Y lo peor: cuando creés que tenés que escribir porque es lo tuyo, porque le debés algo a alguien, porque están esperando tu nuevo libro. Eso es tan falto como irrisorio. Y ahí la cagamos fuerte. Arruinamos nuestro rincón favorito del mundo.

¿Cómo está ambientado tu lugar de trabajo y en donde lo haces usualmente?

Las paredes están manchadas y descascaradas. Las fotos tienen varias capas de tierra. Los libros, con un orden que ni yo entiendo ya. A la guitarra le falta una cuerda. La cama tiene un olor que voltea. Tengo que limpiar la jaula de mi hámster. El mate sale lavado al tercero o cuarto. Hay unos playmóvil cerca de las fotos. Se me acaba de romper la escoba. Pero, lo sé, siempre que tenga una ventana cerca estoy hecho.

¿Cómo surgió particularmente la idea de escribir la trilogía de Las garras del niño inútil, En verdad quiero verte, pero llevará mucho tiempo y Los abandonados?

Primero vino la escritura y después la estructura dividida en más de un libro. Y, mucho después, la idea de trilogía, idea editorial. Yo los escribí pensándolos únicos, que se pueden empezar y terminar. De hecho, escribí primero el tercero, después el primero, y tercero el segundo. En cada uno fui una persona nueva. Y ahora soy totalmente diferente a cualquiera de aquellos. Quiero creer. Sin embargo, cada uno estuvo, no por casualidad, seguramente, en algún punto de inflexión de mi vida. Una ruptura, una mudanza, otra ruptura, alguna sensación de optimismo, la vuelta al pesimismo. Toda historia empieza cuando el personaje está quitado de su espacio de confort: tal vez el autor estaba en similares circunstancias.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Releyendo a Cheever, leyendo a Lamberti y a Macedonio.

¿Cuáles son tus autores preferidos y a quienes recomendarías leer?

Fante, Kristof, William Goyen, Cheever, Daniel Moyano, Di Benedetto, Richard Yates.

Un libro que te haya marcado, o gustado mucho o al que cada tanto regresas..

Claus y Lucas, de Agota Kristof. Y La hermandad de la uva, de Fante, para no perder la gracia.

Si tuvieras que elegir un personaje de ficción de algún libro o de alguna película para sentarte a conversar un rato, a quién elegirías?

Con el enano de Game of Thrones, sin dudas.

¿Existe algún libro famoso que te hubiera gustado escribir?

Middlesex, de Eugenides

 

          

 

 

¡¡Muchas gracias Luis!!

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