PÁJAROS EN LA CABEZA – Un relato de Josefina Trebucq

Pájaros en la cabeza

de Josefina Trebucq

Quisiera tener la cabeza llena de pájaros, pichones piando, sus peladas cabecitas hambrientas buscando a la madre ausente que se eleva, deambula, las alas anchas como la pollera del aire que, en la madrugada, pinta de un tinte sangriento la escena; pájaros amarillo pálido como canarios enjaulados que sólo piensan en salir salir y luego se van acostumbrando y eso es Lo triste. Es La derrota. Azules pájaros como el mar cuando está en calma y la espuma parece sólo una pequeña línea sobria de encaje añadida en un ataque de buen gusto, a último momento, antes de salir para el casamiento, y tan felices todos porque es un día de casamiento nada menos, confites, arroz, y los que no van no están felices, pero mejor piensan los otros, así lo asumen, tienen criterio de realidad; pájaros revoloteando nadando arrastrándose revolcándose en mi cabeza en disparatada bandada, o emigrando disciplinadamente hacia el verano tan maravillosamente alineados; pájaros en mi cabeza quisiera tener, chillones muy chillones pero otras veces no, otras veces patéticos pájaros de ópera trágica, o de voces perfectas como cántaros vacíos o como las voces de los ángeles de la guarda de los niños varones. Susurros, payasadas de pájaros, sus bellas volteretas a lo Chagall, ay, cómo quisiera tenerlas en mi cabeza; y una selva espesa en la que puedan fingirse inexistentes no sea que alguien levante una ceja y qué se yo, dictamine decrete diagnostique eso es de lo que no se debe y no se puede hablar pero que algunos inevitablemente comentan a nuestras espaldas; locura se llama- la abuela lo ha dicho así- dice un niño y es gracioso, porque los niños dicen siempre la verdad y lo que no deben, así que todos nos reímos a carcajadas; pájaros graznando como los cuervos de Van Gogh, puedo oírlos, pintados como están y sin embargo me aturden, pero en la cabeza por ahí conviene que moren, es catártico me dicta una vocecita doctoral de pajarraco sabio. Pájaros quiero, un águila honorable llegando sin dificultad ni vacilación ninguna a la cumbre más alta, una odisea ha hecho y ¿por qué? porque es un águila nada menos, y quiero un picaflor, tan ausente siempre de mis pensamientos en la gran ciudad que como consecuencia es un hueco más permanente más flor aún que todo lo detestable que sí existe. Pájaros, que vuelen de un lado al otro: del hemisferio izquierdo al hemisferio derecho, y alrededor: un vacío. Una Nada. Todo el resto del cerebro una ausencia, vertiginosa, abismal. La pajarera por ende vacía de palabras como o del estilo de notificaciones, visas, cuentas por pagar, alquiler, débito automático, consorcio, ojeras, arrugas, soledad, la de adentro, conveniente, o la de afuera, inconveniente; o palabras como fallecido: perro fallecido, caballo fallecido de un tiro, pariente fallecido, Dios mío, acabo de acordarme de que una vez me definieron como “pariente pobre” y yo pensé- y tenía diez años- pobre pero no de pájaros y que era bueno eso, era lo que yo quería, pájaros quisiera, me animé, me envalentoné, y ni una roja baldosita del cerebroterraza quería libre de ellos. Todo pájaros: pájaro halcón, pájaro golondrina -me puse a nombrarlos, y tenía diez años- pájaro cotorra, ruiseñor, gorrioncito, paloma, aguilucho, cóndor, gaviota, alondra.

 

  • El inútil combate, la reseña aquí-